Un príncipe azul, un castillo y un unicornio eran mis expectativas a los 5 años. Después, vivir en ese mundo de barbies, en que todo se remite a verse bonita, tener los mejores autos y emprender esa infinita conquista por Ken.
Femenina hasta morir, pedía la ropa más cara, rogaba por un lavado de manos muchas veces al día, y no podía andar sin peinar mi largo pelo ondulado que tanto me caracterizó en mi infancia.
Callada y siempre pasando súper piola en público, con mis amigos y familia era otra. Hacer shows de cualquier índole, ser la coreógrafa oficial de mi condominio y formar parte de un equipo de Cheerleader hicieron que una parte de mi no tema muchas veces al ridículo. Algo en lo que siempre me acompaña mi hermana me
nor, la Javi. Obligada siempre a hacer lo que yo decía, la Ja creció a merced mía. “No javi, yo soy la jefa del juego” era una de mis más utilizadas frases, por lo que de vez en cuando, ese resentimiento sale en más de alguna pelea. Y las cosas no han cambiado mucho. Aún la obligo a acompañarme, a escucharme, a flojear. Y lo hace sin chistar, porque está acostumbrada…y le gusta, si no, no seríamos las mejores amigas. Porque ya no son mandatos los que hace, sino que el trabajo de la mejor amiga de alguien, porque sabe que yo haría lo mismo.Pelo largo, piernas cortas y una cara redonda. Mirada seria y a veces perdida, veo como se mueve el mundo, sintiendo a veces no ser parte de él realmente. Siempre con una imaginación trabajando a la velocidad de la luz, constantemente dejo el mundo real por uno perfecto creado por mí hace unos años.
Ingenua es mi segundo nombre, una característica que me ha jugado malas pasadas, pero que no estoy dispuesta a cambiar, porque es una conducta tan pura y pueril, que al fin y al cabo no es tan malo tener. Así, y de alguna forma, se conserva esa mirada de niña que todos tuvimos alguna vez, pero a los 19 años, imprimiéndole pureza y esperanza a una humanidad a la que cada día se le extingue más esos rasgos. Tal como el mundo de barbies con el que soñaba de pequeña, cuando se creía que todo va a estar bien y que sólo bastaba con imaginar para solucionar esos tan molestos problemas, como que la muñeca no moviera la boca, con tan sólo ponerles nuestra voz, o no tener un Ken que nos quiera porque siempre estaba toda la pandillas de esculturales muñecas para acompañarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario